Wilfrido Vargas, 40 años después

El “Tacumpila” fue una de las variantes de la base rítmica beduina. Cabe aclarar que la expresión Tacumpila no existe, es el nombre con el que bauticé el sonido que hace el palo cuando golpea la barriga de la conga, y suena: Tá cun pila ki Tá cun pila… Ese sonido es usual en el guaguancó, ¿pero en el merengue? ¡Nunca!

Wilfrido Vargas, 40 años después
Wilfrido Vargas, 40 años después

Ni en mis más arriesgados inventos había concebido que funcionara, hasta que vi que Luisito Martí lo hizo en una presentación en televisión, cuando era el conguero y cantante del combo show de Jhonny Ventura. Recuerdo que, agarró un palo para darle a la barriga de la conga, generando una expresión coja, que forzaba al bajista a tocar una especie de “Pambiche”, mientras la tambora seguía derecho. Yo asumo que lo hizo como una especie de “relajo”, como una “pirueta” más del que tiene tanto talento que no sabe qué hacer con él.

Nadie del combo show, incluyendo a Johnny Ventura, lo tomó en serio, ni lo valoró y mucho menos se dieron el crédito de ese movimiento. En cambio yo, un adolescente ‘fiebrú’ de todo lo que le llamaba la atención, fue el que vio en aquél absurdo maravilloso, una oportunidad, y dije: “¡Bingooooo! Ojalá que haya sido una improvisación y no vuelvan a repetirlo como un pasaje estructurado”. Así fue… para mi suerte. Fue solo un relajo del inmenso talento de Luisito, que no le volví a escuchar. Me quedé callado, partí para el estudio y disfracé el movimiento para que no fuera tan obvio. Puse a July Mondesí, el tamborero de mi orquesta en aquel entonces, a que tapara el hueco que dejaba el quinto de la conga con la palma de la tambora, y fue así como desde fuera se me ocurrió ponerle lo que le faltaba a la ecuación de aquella chercha del Combo Show.

Wilfrido Vargas, 40 años después
Wilfrido Vargas, 40 años después

Había nacido en mi repertorio de colores percusivos, uno más de los movimientos de la base rítmica beduina, y gracias a aquella ocurrencia del gran Luisito Martí, hice el equivalente en la obra de mi papá titulada “El Calor”, y la repetí en otra de Sonny Ovalles, titulada “Don José”. Moraleja: El pez no es del que lo ve, sino del que lo agarra.

Nunca había dicho esto públicamente hasta hoy. 40 años más tarde, pero a eso se le llama: bellaquería. Fui como un niño travieso queriendo hacer trampas inocentes a los demás compañeritos del colegio, aunque “El Caballo”, luego de habérselo confesado, lo llama talento. El asunto es que a mi hermano Juan Vargas, quien es un gran guitarrista y músico, siempre se lo había contado como si se tratara de un crimen que necesitaba confesar a alguien, pero fue la propia globalización que me dijo que podía ‘salir del closet’, con orgullo, y orondo; que de eso se trata la fusión: combinar movimientos, colores y culturas; así que, ¡no panda el cúnico!

En música, fusión es el nombre que se le da a la mezcla de dos elementos, pueden ser dos estilos musicales, dos o más patrones rítmicos, o hasta dos géneros antagónicos; es algo como lo que hace el chef al ligar sabores distintos, logrando con su creatividad resultados sorprendentes e innovadores. Históricamente, los géneros musicales siempre han tenido acceso a otros géneros y culturas, y han podido fusionarse dejando como resultado un nuevo género. Pero últimamente la música se ha beneficiado aún más de la transculturización que nos han facilitado la globalización y la magia de la tecnología. Hoy más que nunca tenemos acceso a las más exóticas manifestaciones culturales de los lugares más recónditos, y nos hemos beneficiado de ello, generando así estilos nuevos que en su proceso podrían desencadenar hasta un género nuevo.

Wilfrido Vargas, El Fonsionario
Wilfrido Vargas, El Fonsionario

La música es como una conversación, pues los patrones de percusión son respuestas a los patrones de acompañamiento, tanto armónicos como melódicos; estamos hablando de concertar, que según el diccionario, es hacer que dos o más cosas armonicen o actúen de manera conjunta. Por ejemplo, alterando lo que había hecho Luisito, creamos otro patrón rítmico de acompañamiento, con un comportamiento estable y repetitivo que sirvió de base, y que no sólo apoyaba, sino que complementaba el vacío del palo a la barriga de la conga, y a la vez contrastaba y embellecía el swing del tresillo que caracterizaba el estilo de tocar de Chery Jiménez como bajista.

No me extrañaría que el tumbao de piano también hubiera podido desprenderse de la evolución del piano, desde Ígor Stravinski, pasando por Ernesto Lecuona, Noro Morales, Nino Frías, Richy Rey, los hermanos Eddie y Charlie Palmieri, Papo Lucca y tantos otros relevos hasta llegar a Sony Ovalles, Ramón Orlando, Henry Jiménez y Leo Pimentel entre otros. Aunque esto no me consta, lo deduzco porque la música es así: resultado de la evolución tanto tecnológica como conceptual, e influencia y fusión de ritmos, estilos y géneros.

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